12 días en el país del futuro

Volando de regreso a casa después de mi primer viaje a Israel, tenía la sensación de haber visto y hecho tanto, que era difícil ordenar las miles de imágenes e ideas que venían a mi mente.

Si tuviera que describir Israel en una frase “es un país en donde se encuentran el pasado y el futuro en un presente vibrante”. El pasado de su historia milenaria se combina con el dinamismo de los israelitas, quienes siempre están pensando en el futuro y preparándose para enfrentarlo. Sin embargo esto no alcanza a transmitir la riqueza cultural y la diversidad que viví en Israel. Así que decidí resumir cada día en una frase que condense mi experiencia más destacada:

  1. Innovación multisectorial

Participé en el evento de inversiones en innovación tecnológica más grande de Israel: la Cumbre Global de Inversionistas de OurCrowd. Aún cuando había leído gran cantidad de información sobre la Nación startup, nada se compara a vivirlo. Nunca esperé ver tanta tecnología disruptiva aplicada a tan diferentes sectores. ¡Vi más de 100 startups en un solo día!

Cada una resolviendo un problema real con el uso de tecnologías de todo tipo: inteligencia artificial, realidad virtual, visión computarizada,etc. Todas estas empresas tenían en común que solucionaban un problema global, que afecta a cualquier persona en el mundo. Todas los productos/servicios eran aplicables a cualquier mercado, porque los israelitas al desarrollar una idea, no piensan únicamente en su país, piensan en el mundo.

  1. La vibra del shuk

El evento de innovación terminó y no podía faltar el After-party. ¿Qué les parece un mercado local como “venue” para la fiesta de cierre de un evento de mas de 6,000 personas provenientes de todas partes del mundo? ¡Sí! El mercado principal de Jerusalén, donde la gente compra fruta, verdura y pescado durante el día, convertido en el escenario de una fiesta con la crema y nata de la escena multinacional y tecnológica global, con bandas musicales en vivo, pitches informales de startups, “drinks” y comida!! ¡Qué mejor lugar para sentir la vibra tan auténtica e informal de este país!

  1. La convergencia

Hice el esperado recorrido de los lugares santos en la ciudad vieja de Jerusalén. Me encontré con una ciudad que ha sido hogar de numerosas civilizaciones en diferentes periodos de la historia, y que por ende, tiene sitios en donde convergen las tres principales religiones monoteístas que los consideran sagrados. Pero lo que realmente me impresionó fue ver que judíos, cristianos y musulmanes interactúan y conviven bajo una organización aceptada por todos, delimitando sus espacios y bajo un código de convivencia que permite que las tres religiones puedan compartir la ciudad antigua. Esto no lo había visto en ningún otro lugar del mundo.

  1. Jerusalén, la ciudad más disputada del mundo, me dio la confianza de recorrerla corriendo

Más allá de las visitas guiadas y lugares turísticos, decidí salir a correr por Jerusalén para conocer la ciudad desde la perspectiva de la gente local. Corriendo uno se encuentra con lugares que nunca vería de otra forma, y en Jerusalén no podría haber sido diferente. Al ir siguiendo una vereda me encontré con la vista a una construcción antigua que parecía un convento de otra época. La luz del sol iluminando el convento y el cielo se veía tan espectacular que tuve que hacer una pausa para observar la vista. Por varios minutos medite sobre el paso del tiempo, tiempo que parece haberse quedado atrapado en algunos lugares en Israel.

  1. Espontaneidad en la calle

En una de mis caminatas por la ciudad conocida como centro de espiritualidad, de repente escucho música de piano. Provenía del centro de la plaza, donde se encontraba un piano de cola, esperando que cualquiera que pase haga resonar sus teclas a su gusto. En ese momento había un grupo de jóvenes alrededor del piano y uno de ellos tocando una melodía para sus amigos. ¿A quién se le ocurre poner un piano a media plaza? Solo a los Israelíes.

  1. Herodes me habló sobre Cesarea

El parque Nacional de Cesarea incluye las ruinas de la ciudad boyante ciudad portuaria construida por Herodes en el año 25 AC. Para mi sorpresa, al entrar al centro de visitantes del sitio arqueológico, me recibieron los protagonistas de la historia ofreciendo relatos personales sobre la historia del lugar – bueno, no ellos exactamente, sus hologramas, que aparecen y contestan para los visitantes las preguntas que cada uno elige, entre las cuales destacan su relación con la ciudad y momento histórico. El pasado y el futuro interactúan en Israel de maneras inesperadas.

  1. Escuadrón de mujeres

Sí, yo ya había escuchado que en Israel hombres y mujeres hacen servicio militar obligatorio a los 18 años. Lo que solo entendí al verlo y conocer a los Israelíes, es que esto lejos de ser una amenaza o algo que los jóvenes quieran evadir, es una experiencia que todos esperan. Ahí hacen amistades entrañables para toda la vida, tienen más tiempo para decidir que quieren estudiar o hacer con sus vidas una vez terminen su servicio militar. Al hablar con ellos transmiten el orgullo que les genera contribuir a su país. Ver un grupo de soldados mujeres formadas con sus uniformes verdes me impresionó. Pero confieso que al verlas más de cerca, y darme cuenta que estaban sonriendo me sorprendió aun más.

  1. Riqueza culinaria

Israel también me asombró con su cocina. Tiene una variedad interesante de platillos, con sabores intensos. Condimentos, mucha verdura, y un sazón con fusión mediterránea y oriental hace que sea un deleite aventurarse con platillos de nombres extraños… desde el shakshuka (la versión israelí de los huevos ahogados de México), shawarmas, hechos con pan pita, carne al trompo, col, humus, cebolla, pimientos… o falafel con humus y ensalada israelí. Además para una mexicana como yo, el hecho de que haya salsas variadas que no pican pero dan más sabor al plato, fue la cereza del pastel.

  1. Nadar en la luna

Ir al mar muerto es una experiencia fuera de este mundo. Para empezar, es el lugar más bajo del planeta. Se encuentra a 430 mts bajo el nivel del mar. Está en medio del desierto, y por si esto fuera poco, es un lago tan salado que hace que flotes sin el menor esfuerzo. ¡Sí! El Mar Muerto es en realidad un lago, detalle que aprendí también en este viaje. Cuando estaba dentro, flotando en el agua, viendo hacia las montañas de arena que rodean una de las orillas, que eran casi imperceptibles porque era un día brumoso en el desierto, tuve la sensación de estar nadando en la luna.

  1. Cualquier cosa puede convertirse en arte

Recorriendo las galerías de arte de artistas locales me llamaron la atención unas pinturas de colores contrastantes hechas en lo que parecía tela. Sin embargo, cuando me explicaron que el material del que estaban hechas esas obras era plástico reciclado convertido en una fibra textil, me gustaron aún más! Pensar que podemos dar usos tan creativos a material reciclado me parece super vanguardista y es una forma más en que los Israelíes viven la innovación. Al parecer explorar nuevas formas en todos los aspectos de la vida está en el ADN de esta gente.

  1. Gente de calidez humana

Los israelíes son gente amigable y directa, que te ve a los ojos. Tienen una disposición permanente a ayudar al prójimo, y siendo yo latina, me sentí como en casa con ellos, aún cuando no entendía nada de lo que hablaban. Y es que escuchar a las familias o a grupos de amigos hablar entre si, me transportaba a mi casa. Sentía que estaba oyendo a mi familia discutir, o a mis amigos en una reunión contar un chiste. La gente es habladora, escandalosa y divertida, como en Latinoamérica. Me maravilló sentirme tan cómoda y al mismo tiempo, no entender ni una palabra de lo que decían.

  1. Un pueblo enfocado en la familia

Cerré mi viaje alucinante, con una cena de Shabbat en casa de mis amigos anfitriones. Y qué mejor forma de terminar de conocer esta cultura, que teniendo la oportunidad de ver una familia de judíos convivir en una cena de Shabbat. Se reúne la familia completa, abuelos, hijos, nietos, nueras, yernos, bebés y hasta mascotas. Las mujeres de la familia prenden velas, preparan de antemano platillos especiales y los hombres se ponen la kipá. Todos se reúnen alrededor del patriarca, que bendice y lee una pequeña porción de la Torá, cantan y dan gracias antes de empezar a cenar. Se siente una atmósfera festiva y al mismo tiempo solemne.

 

Este es solo el comienzo de mi entender de Israel, un país con una cultura tan rica que nunca dejó de mostrar nuevas facetas de su gente y de su manera de trabajar hoy para un mejor futuro. 

Si pudiera llevarme a México una sola cosa de esta cultura, me llevaría la mentalidad de los Israelitas. Ese enfoque de aprovechar cada recurso que tienen, incluyendo la capacidad infinita de los seres humanos, para prepararse para un futuro mejor. En diferentes ámbitos, y de maneras muy distintas, Israel es un pueblo que no deja de mirar hacia delante.

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